martes, 27 de octubre de 2015

La calle de San Fernando


A ver, estamos ya en la actual calle San Fernando, y por mucho interés que se ponga  en su observación, es difícil imaginar este lugar hace doscientos o más años. Así que es necesario tirar de documentación googlera para poder describir lo que allí hubo entonces. Pero vayamos por partes.

Dejé la muralla justo en la confluencia de la calle San Fernando con el inicio del Paseo de Catalina de Rivera, al final del lienzo largo y rectilíneo procedente del Postigo del Alcázar. Aquí, de nuevo se quebraba la muralla para seguir ligeramente en línea recta hasta la Puerta de Jerez, en una sucesión de paños y torres (concretamente seis torres) como era habitual en todo el perímetro de la ciudad. Pero además aquí se disponía de foso y de una barbacana, como en la Macarena. Y también, para facilitar la defensa, estaba el arroyo Tagarete que, como puede verse en el grabado de George Vivian, hacía las veces de foso natural. Pero donde ahora me encuentro no había puerta; desde el postigo del Alcázar hasta la Puerta de Jerez todo eran murallas y torres.
Muralla, puente y arroyo Tagarete. De George Vivian

Mientras permanezco en este punto de la calle y veo pasar el actual tranvía pienso en como debió ser y qué transformaciones ha sufrido la zona hasta llegar a su actual imagen, así que leo mis notas y me entero que de las reformas urbanísticas del siglo XVIII en la ciudad de Sevilla, a esta zona le tocó en suerte un trazado recto y abierto, pero previamente se modificaron el tramo de muralla que ahora trato de imaginar y la Puerta de Jerez; y también el cauce del arroyo Tagarete que desembocaba junto a la Torre del Oro. Además se construyeron la Real Fábrica de Tabacos y el actual palacio de San Telmo, con lo que la zona cambió de manera radical y gano en imagen y prestancia. Intramuros y paralelas a la muralla se edificaron casas para alojar a los trabajadores de la Fábrica de Tabacos, las cuales aislaban visualmente los jardines y huertas del Alcázar del nuevo ensanche de la ciudad. Para la construcción de la Fábrica de Tabacos fue necesario demoler el foso y la barbacana. También se encauzó y abovedó el arroyo y la muralla se reparó con fábrica de ladrillo.
  
Y ya puestos, se decide dar sentido a la calle recién creada y en 1759 se construye una puerta, la Puerta Nueva, que daría inicio a la flamante vía que terminará en la Puerta de Jerez.
La Puerta de San Fernando, extramuros.

Esta nueva puerta se ubicaba al comienzo de la actual calle San Fernando, donde la muralla daba un quiebro hacia el oeste. Se construye una torre idéntica a la existente en ese lugar y entre ambas se edifica un arco triunfal. De la nueva torre partiría un lienzo de muralla algo más recto que el anterior, que eliminó alguna irregularidad geométrica.

El arco de la puerta era de medio punto, de 4.18 metros de luz y 7.52 metros de altura, y se reforzó con una pareja de columnas dóricas, a cada lado, en el exterior y jónicas en el interior. Ambos frentes eran, por lo tanto, desiguales. Su decoración fue muy similar a la que se siguió con las viviendas que se construyeron en esa calle: almohadillados, frisos, etc. La parte superior se remató con una balaustrada maciza y unos jarrones.

Su denominación no siguió los antiguos criterios que hacían referencia a situaciones comerciales o geográficas, designándola de una manera más prosaica: Puerta Nueva, y es que acababa de construirse, o de San Fernando.

Pero los cambios económicos y sociales del siglo XIX (feria de abril en el Prado de San Sebastián y estación de ferrocarril de San Bernardo), hacen que la calle San Fernando aumente su importancia como vía de comunicación, lo que unido a la sucesión de demoliciones de puertas y murallas, impulsa la idea de ampliar esta calle a costa de la demolición de esa parte del recinto fortificado: la Puerta de Jerez se demuele en 1864, y en 1868 la Puerta Nueva y el lienzo de muralla que las unía. Los escombros de esta puerta de San Fernando fueron subastados junto a los de Osario y Carmona. No entiendo cómo, con poco más de cien años, y encontrándose seguramente en perfecto estado, la Puerta Nueva no se salvó de aquel desastre. Bueno, puestos así, no entiendo por qué se demolieron todas las puertas y murallas de la ciudad.
La Puerta Nueva y la Feria de abril. De Joaquín Domínguez Bécquer.

Sobre los cimientos de la muralla se colocó una verja a modo de delimitación de la calle con la Fábrica de Tabacos, hasta que en 1923 esta verja se desplaza hasta la ubicación que hoy ocupa, quedando consolidada la actual calle San Fernando, y perdiéndose todo rastro de la muralla que unía ambas puertas: a un lado la fábrica, y al otro aquella sucesión de casas que más arriba se mencionan.
Nota al margen:
Recientemente, y a causa de las obras del tranvía, ha quedado confirmada la situación de esta muralla en el eje longitudinal de la actual calle San Fernando, echando por fin por tierra la creencia popular (más bien la ignorancia popular) que suponía que el muro de ladrillo, pilares de hormigón y almenas inútiles, que separa los jardines del Alcázar de las edificaciones de la calle San Fernando, era la muralla original.

Inicio de la calle San Fernando, donde estuvo la Puerta Nueva.

La calle San Fernando actualmente. A la izquierda la Fábrica de Tabacos.

Pero no olvidemos, aunque ya la hemos demolido en nuestro relato cronológico, que más adelante, hacia el río Guadalquivir, se encontraba la Puerta de Jerez, en la plaza que hoy conocemos como Puerta Jerez, y que como tal plaza no existió hasta principios del siglo XX cuando con motivo de las obras de la Exposición Iberoamericana de 1929, se remodeló creándose el espacio abierto que hoy conocemos.

Se situaba la Puerta de Jerez donde hoy confluye la calle San Fernando con la plaza, aproximadamente en la esquina del Hotel Alfonso XIII, y paralela al cauce del arroyo Tagarete, el cual se salvaba mediante un puente de piedra según se ve en el grabado de George Vivian de 1835. Como todas las puertas, excepción hecha de la Puerta Nueva, tomó su nombre siguiendo, en este caso, un criterio geográfico, ya que era el  inicio del camino hacia Jerez de la Frontera.
Más o menos por aquí, estuvo la Puerta de Jerez

Pero antes de la que figura en el grabado de George Vivian, hubo en el mismo lugar una puerta almohade de la que pocos datos tenemos: dos torres y entre ellas un rastrillo que se bajaba por la noche; y poco más. Sobre ella una placa de mármol con una inscripción muy parecida el texto de la Puerta de la Carne, que se colocó hacia 1578.

En 1836 el arquitecto Balbino Marrón elimina el rastrillo y remodela las torres, eliminado todo rastro de su pasado medieval. La nueva imagen de la puerta sería neoclásica y más monumental, con un arco de medio punto flanqueado por dos pares de columnas toscanas.
La Puerta de Jerez

Pero poco duró el arreglo pues, como ya sabemos, fue demolida, vaya usted a saber por qué, en 1864 a propuesta de Pagés del Corro el 21 de julio de 1864. Dos meses después, la piqueta realizó su trabajo, y sus materiales, ya escombros, fueron a parar a cementerio de San Fernando. 

De las puertas no nos queda nada, ni un rastro, ni una piedra. Bueno, nos queda la vergüenza ajena hacia quienes no dudaron en derribarlas; y todo en pos de un progreso que hoy, casi 150 años después, y en vista de lo que ahí se ve, parece que aún no ha llegado.


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